Ramiro daba un par de pasos, la mirada
al frente, los puños apretados. Luego frenaba y miraba alrededor, parándose
alternadamente sobre un pie o el otro. Repetía esa rutina cada media
cuadra. Las fuerzas que había juntado frente a su espejo por meses, flaqueaban
con cada paso que daba hacia el teatro.
Cuando aún faltaban unas cuadras para
llegar se detuvo definitivamente. Tomó aire y lo soltó en forma de sollozo. Un
mechón de pelo le cayó sobre la frente, la ropa se había empapado de sudor. La
mochila en su espalda le pesaba una tonelada. Dio la vuelta, dispuesto a
regresar por donde vino, cuando vio que en la vereda de enfrente salían
chispas, luces y humo desde atrás de un conteiner de basura. Un ruido ominoso,
como una especie de trueno, enmarcaba la escena. Ramiro se descolgó la mochila
de un hombro y dio un paso hacia el espectáculo, que concluyó en ese momento,
igual de abrupto que había empezado. Una persona salió desde atrás del
conteiner y cruzó la calle sonriendo.
“¡Qué genial! Tengo que acordarme de
recomendar esta agencia.” Fijó la vista
en Ramiro y agregó: “Wow, no puedo creerlo, tan joven…”
“¿Disculpe?”
El desconocido tendría unos 20 años más
que Ramiro y, aunque con arrugas y pelo canoso y escaso, era parecido a este. Vestía
un tanto fuera de lugar: zapatos plateados, pantalones oscuros de una especie
de tele sintética brillante y una camisa verde fluorescente. Unos anteojos
gruesos con una luz parpadeante en el puente completaban el atuendo. El extraño
preguntó:
“¿Ramiro?”
“Sí.”
“¿Hoy es 15 de septiembre…”
“Ajá.”
“… del 2018?”
Ramiro inclinó la cabeza a un lado y no
respondió. El desconocido volvió a preguntar:
“¿Vas al teatro Cervantes? ¿A la prueba
para Rabia?”
Ramiro abrió mucho los ojos y dio un
paso atrás. Se sacó completamente la mochila y la puso entre el extraño y él.
“Eso es de mi incumbencia, señor. De
alguna forma, sabe quién soy yo. ¿Y usted es…?”
El extraño suspiró y dijo:
“Esto va a sonar totalmente
desquiciado, pero te pido tengas la mente abierta como sé que sos capaz. Que
soy capaz. Que somos capaces.” Sonrió. “Soy… soy vos. Soy Ramiro, pero del
futuro. Vengo del año 2036 a mejorarnos
la vida. Hoy, sí o sí, no podes echarte atrás. Tenés que ir al teatro.”